Los ojos detrás del volante: 16 personas mayores cambian su perspectiva vial en el Patio Primavera Perdomo

15 de mayo de 2026. A través de una experiencia pedagógica interactiva con La Rolita y la Secretaría de Movilidad, los integrantes de la Fundación «Recordar es Vivir» vivieron en carne propia los retos de seguridad vial y los temores de los puntos ciegos en la vía. El tamaño de un bus eléctrico de La Rolita impone desde la acera, pero la verdadera lección de seguridad no se aprende mirando el vehículo pasar, sino sentándose en el lugar de quien lo opera. Bajo esta premisa, 16 adultos mayores del sector de Los Sauces, San Francisco, cambiaron por un día su rol tradicional de peatones para transformarse en inspectores viales en el Patio Primavera Perdomo.

La jornada, liderada por una experta de la Secretaría de Movilidad en conjunto con el equipo de Seguridad Vial de La Rolita, no fue una charla teórica más. Por el contrario, se trató de un ejercicio de inmersión donde los participantes subieron a la cabina de un busetón eléctrico, tomaron el volante y descubrieron, con sorpresa, lo que un conductor realmente ve y lo que el diseño del vehículo le oculta: los peligrosos puntos ciegos.

Para muchos, la experiencia fue una revelación; para otros, un reencuentro con el pasado. Uno de los momentos más emotivos de la jornada lo protagonizó Luis Eduardo Jiménez, quien en sus años de juventud manejó vehículos pesados, pero descubrió que la tecnología actual y la dinámica urbana han cambiado las reglas del juego.

«Yo en mis tiempos había conducido volqueta, pero subirme a este bus eléctrico me demostró que la visibilidad actual exige el doble de atención. Estar ahí arriba te hace entender que si uno como peatón se para mal, el conductor simplemente no te ve», afirmó Jiménez con evidente nostalgia y asombro.

La pedagogía se centró fuertemente en la prevención exterior, enseñando el uso correcto de los senderos peatonales y el respeto estricto a las señales de tránsito. Asimismo, se conceptualizó una diferencia clave para cambiar la cultura ciudadana: entender que la gran mayoría de los incidentes son prevenibles.

«Nos enseñaron algo vital: un siniestro se puede prevenir si todos ponemos de nuestra parte, mientras que un accidente es algo inevitable. Hoy aprendimos que cuidar nuestra vida en la calle es una decisión que tomamos antes de cruzar», reflexionó María Elisa Rodríguez.

El taller también se trasladó al interior del móvil, donde los expertos enfatizaron en que la seguridad del pasajero no empieza cuando el bus arranca, sino desde que se cruza la puerta. Se abordaron pautas críticas como la obligatoriedad de agarrarse firmemente de los dispositivos de sujeción (barras y manijas), el uso prioritario de las sillas azules y la importancia del cinturón de seguridad.

En ese sentido, uno de los temas neurálgicos fue cómo mitigar la fuerza del movimiento y evitar la temida caída dentro del bus, un riesgo latente para la población mayor debido a la inercia del vehículo.

«Uno a veces se confía y no se agarra bien. Aquí nos explicaron la física de la ‘afilada del cuerpo’, que es ese impulso que nos empuja cuando el bus frena o da una curva. Ahora sé que controlar lo que pasa con el bus está en nuestras manos si aprendemos a sostenernos correctamente», explicó Edelmira Patiño.

Por su parte, Mercedes Méndez resumió el sentir de los 16 asistentes de la fundación, agradeciendo el espacio que les devuelve el protagonismo como actores viales clave para la ciudad:

«Esta experiencia nos cambia la vida. Salimos de aquí sabiendo que, como adultos mayores, nuestro ejemplo en los senderos peatonales y nuestro comportamiento dentro del bus es la mejor forma de cuidar de nosotros y de los conductores. ‘Recordar es vivir’, y hoy recordamos cómo cuidarnos», concluyó Méndez.

La jornada cerró con las reflexiones de los adultos mayores de cuidarse y de transmitir la información a sus familiares y amigos.

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